jueves, 17 de enero de 2013

Vocación, profesión, sentido.

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Vocación, profesión, sentido.
Una herramienta de exploración personal.




A  J.V.S. cuya petición y amor lo inspiraron.



En nuestra columna Pasión o Misión concluíamos diciendo que “El proyecto de vida es un vector de fuerzas que nace del encuentro de dirección que marcan los talentos, la pasión y la misión.  De la claridad que tengamos en cada uno de estos tres aspectos, dependen su poder y sus alcances”.



Esta frase de cierre suscitó muchos comentarios y generó profundas reflexiones que dieron origen a una herramienta de gran valor para la definición o la redefinición de nuestro lugar en el mundo, de nuestra orientación de vida. 



Menciono la palabra redefinición porque en diversos momentos de nuestro sendero vital nos encontramos frente a inexplicables pérdidas de sentido.  De un momento a otro, ya no nos satisface lo que veníamos haciendo, ya no nos llena, no es suficiente.  En esos momentos, es menester redefinir nuestra orientación so pena de comenzar un círculo vicioso que fácilmente termina en un estado depresivo profundo.  La más conocida es la famosa crisis de los 40 o crisis de la edad media…



La herramienta básica es muy sencilla.  Consiste en una matriz triangular con campos correspondientes a:  Mis talentos (Para qué soy buen@?),  Mis gustos (Qué me atrae, qué me gusta?) y En qué me siento útil? 





Estos tres campos corresponden a los tres aspectos básicos de la estructura energética humana a nivel sistémico.  El campo de la utilidad, es el campo del sentido, del propósito, de la misión, del para qué.  Corresponde a la energía Espiritual-Mental, a la idea generadora, al Padre de las trinidades tradicionales.  El campo de los gustos, de las afinidades, de la atracción, representa el polo emocional, la Madre, el terreno que acoge la idea y le da la fuerza para que se desarrolle y se realice.  El campo de los talentos corresponde al mundo concreto de la materia, de la actividad inteligente, de las herramientas para sostener y convertir en actos la idea impulsada por el deseo y la aspiración.  Es el hijo que con sus herramientas, el amor y la consciencia del propósito, sale a cumplir con su misión.  El sentido de la identificación de los talentos yace en la pregunta:  ¿Con qué me dotó la vida para cumplir con mi misión?


En dichos campos se escriben a manera de listado libre (lluvia de ideas), lo que vaya surgiendo.  Por ejemplo, en el campo correspondiente a Mis talentos puedo escribir, las matemáticas, o la capacidad verbal o la fuerza física y otras más)  Una vez se agoten las posibilidades, es de gran ayuda preguntar:  ¿y qué más…?



Seguidamente se leen con atención y se priorizan en orden de importancia, las frases escritas.  Frecuentemente, cuando se observan con atención las frases principales de las tres áreas se definen claramente y de manera automática, áreas o dominios del saber o de la actividad profesional que arrojan luz sobre muchas posibilidades específicas de desarrollo personal.



El campo correspondiente a la utilidad es muy importante.  Para el ser humano, sentirse útil representa uno de los valores profundos de mayor peso sistémico.  Muchas personas que han perdido el sentido, que se encuentran en un procesos de pérdida total de la motivación vital y que, a nivel material no tienen carencias o necesidades concretas, recuperan su fuerza y orientación en el momento en el que encuentran que son útiles de alguna manera concreta para otros seres humanos.



Aquí se encuentra una clave poco tenida en cuenta en los procesos de asesoría vocacional y de carrera tanto para jóvenes como para adultos.  La importancia del sentido basado en la utilidad personal es de mayor peso para los adultos en general.  Para los jóvenes, normalmente, las motivaciones son otras y el peso sistémico del bienestar desde lo que me gusta o lo que me atrae es muy importante.



De todas maneras la consciencia de los propios talentos y capacidades reales  permite una referencia realista con los campos y las áreas que pueden estar abiertas para una persona.  Hace muchos años leía el caso de un chico que soñaba con ser astronauta, era excelente en matemáticas y física, tenía una resistencia física excepcional, en fin, contaba con todos los requisitos necesarios para ser un excelente astronauta pero… tenía una miopía y un astigmatismo muy avanzados que lo excluían de entrada de cualquier posibilidad real de pilotar una nave espacial. 



Terminó trabajando en el equipo de diseño de los transbordadores con los que soñaba y, de alguna manera, su ser estaba presente a través de su obra, en cada vuelo, en cada alunizaje que las naves realizaban. 



Muchas veces, cuando las ideas en cada campo son pocas o no surgen con facilidad debido a bloqueos internos o a otras circunstancias, es de utilidad realizar ejercicios sistémicos.  Dibujar por ejemplo el diagrama en el suelo y tener en la mano una hoja de papel en la cual, cuando la persona esté de pies en cada uno de los campos de la matriz, escriba lo que se le vaya ocurriendo.

Existen una serie de preguntas poderosas que generan el movimiento interno y las ideas que van enriqueciendo de posibilidades cada uno de los campos de la matriz.



Preguntas para identificar los talentos:



-       Para qué he sido buen@? (Colegio, universidad)

-       Qué cosas hago mejor que otros?

-       Qué cosas me generan seguridad cuando las hago?

-       Qué hago cuando trato de “lucirme” ante los demás o captar su atención?

-       En qué áreas te piden ayuda amigos, colegas, compañeros?



Preguntas para identificar los gustos y las inclinaciones:



-       Qué me apasiona?

-       Qué actividades me hacen perder el sentido del tiempo?

-       Qué actividades me dan energía?

-       Cuáles son mis hobbies?

-       Qué hago cuando tengo tiempo libre?

-       Qué habría querido ser o hacer y no he podido?

-       Qué cosas haría y me sentiría pago con el sólo hecho de hacerlas?

-       Con qué sueño?



Preguntas para identificar la utilidad personal y el sentido:



-       Cómo me siento útil?

-       Qué cosas me agradecen los demás?

-       Qué cosas valoran de mi los demás y puede que yo no las note naturalmente?

-       Qué cosas o situaciones generan gratitud  o satisfacción profunda en mi ser?

-       Qué es importante para mi?

-       Cómo me sentiría realizad@?



Cuando hemos priorizado y observado con atención las respuestas de las listas, se delimita claramente el campo de nuestra realización personal y recuperamos el sentido.  Surge, de manera casi espontánea ese vector de dirección del proyecto personal de vida del que hablábamos en el primer párrafo.


 La Hoja de trabajo quedaría así:

 

jueves, 10 de enero de 2013

Piñatas y corrupción.


Piñatas y corrupción.

Juan José Lopera,
MD, Máster PNL, Coach, Facilitador

Wilson García, excelente amigo y gestor cultural, me comentó hace poco una metáfora que ha generado en mi muchas reflexiones. Juanjo, me dijo de sopetón, yo creo firmemente que somos una cultura producto de la piñata… Boom!!  Qué imagen tan poderosa!

Recuerdo mi primera comunión.  Nos preparábamos para la piñata y la excitación crecía como un frémito que envolvía a madres y a niños por igual y nos generaba una gran ansiedad.  Éramos como gladiadores que se preparan para saltar a la arena del coliseo.  Algunas madres aconsejaban:  Coja lo que más pueda mijito.  No se deje quitar nada.  Aproveche que es fuerte…

A mi, el festejado, correspondería dar el golpe de gracia, propiciar la fractura definitiva a ese marranito de barro lleno de sorpresas. Y allí estaba yo, ojos vendados, palo de escoba en mano, tratando de golpearlo mientras era bamboleado de un lado para otro.  De repente, uno de mis golpes produjo un sonido inconfundible y comencé a sentir el confeti caer sobre mi cabeza.  Asesté el golpe definitivo, me quité la venda y tan gordo como era, me dejé caer sobre el montón de juguetes que ya estaban en el suelo.

Lo había conseguido!  Agilidad, oportunidad, ventaja por tamaño… Era mío el botín!  De repente empecé a sentir manos que se iban colando bajo mi barriga, que me pellizcaban y empujaban, que me hacían cosquillas, despojándome de todos y cada uno de los juguetitos y dulces que ya eran míos mientras sus madres los azuzaban con gritos desaforados:  Eso, métale la mano, quítele, empújelo, no se deje!!!… Al cabo de pocos minutos, me levanté llorando por la ilusión perdida. 

Aunque había obtenido algunos juguetes, en un abrir y cerrar de ojos y con métodos que yo consideraba injustos y desconsiderados (aunque yo mismo, en otras fiestas, los había utilizado con relativo éxito), lo había perdido casi todo. No nos suena conocido?  Un botín que cae del cielo, que se consigue a golpes de garrote, un contexto en el que casi no existen las reglas y que permite diversas agresiones para lograr obtener la ganancia, animados por padres y adultos.  

A cuántas piñatas asistimos cuando niños?  Yo, por lo menos, a unas 20… Cuánto de las piñatas y el comportamiento que validan, impregna nuestra cultura, nuestras interacciones cotidianas?  El irrespeto al turno, a la precedencia, la competencia desleal, el apropiarse de lo que se dejó olvidado, la corrupción, los embotellamientos de tráfico, los crímenes fiscales y medio ambientales, la falta de responsabilidad ante nuestros propios actos… la mano soterrada que busca o crea la oportunidad para sustraer lo que no le corresponde.

El caso es que las piñatas en la actualidad, se practican en países como Colombia, México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Perú, Ecuador, Venezuela, Bolivia y Paraguay.  Todos, países con altos índices de corrupción y violencia.  Durante muchos años se practicaron en el Asia y Europa pero desaparecieron de manera progresiva a medida que la estructura de valores y las normas de convivencia propendían por una consciencia más solidaria y equitativa.  ¿Es casualidad?

martes, 25 de diciembre de 2012

La familia empresaria I.

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Juan José Lopera Sánchez.
MD, Máster PNL, Coach, 
Constelador Organizacional.

La mayoría de las empresas que conocemos son empresas familiares. En los Estados Unidos de Norte América, cerca del 80% de las empresas son familiares y entre ellas generan aproximadamente el 60% del empleo en ese país.  En Colombia, casi el 70% de las empresas son familiares.  No sólo se trata de Pymes.  Grandes multinacionales como  Ford, Levi-Strauss, Motorola, Succhard, Marriot, Fiat, Mercedes Benz, Hallmak, Mitsui, Rothchild, son algunos de los ejemplos más conocidos a nivel mundial.  En Latinoamérica Bimbo, El Tiempo, Carvajal, Taca, Copa, Bavaria, son algunas de las más reconocidas y poderosas.

Las que permanecen en el tiempo son excepciones pues, los ciclos de vida de las empresas familiares tienden a ser cortos, limitados.  Dos de cada tres empresas familiares desaparecen antes de que tome las riendas la segunda generación (hijos del fundador), y de las que quedan, el 70% desaparece antes de que los nietos tomen las riendas.  Esto implica que en la tercera generación, sólo subsiste el 11% de ellas. 

El factor clave que determina su longevidad tiene que ver con su capacidad de gestionar las conversaciones difíciles, de madurar ante las crisis y la manera en que es conducida tanto en los remansos como en las tormentas.  Tiene que ver con la forma en que la familia empresaria tenga en cuenta la dinámica empresarial; que reconozca que en su empresa, por ser familiar, existen elementos complejos en permanente interacción que exigen un manejo cuidadoso, transparente, atento y consciente.

A nivel sistémico, las empresas familiares son regidas desde su interior por leyes y fuerzas implícitas, por lealtades no visibles que generan en muchos casos, frecuentes tensiones y crisis y necesitan un abordaje particular, muy cuidadoso y consecuente so pena de la ruptura de vínculos familiares y, eventualmente, el colapso de la empresa. 

A diferencia de los socios o trabajadores de una empresa que no presentan vínculos familiares, en las empresas de familia, los miembros tienen una historia relacional y emocional compartida que tiñe de manera particular sus relaciones y la manera en la que se comunican.  Su capacidad de reconocimiento de esa historia y su disposición a sanar las memorias de los momentos difíciles y las huellas que dejaron son fundamentales para determinar el pronóstico evolutivo de su empresa.

También es fundamental la capacidad de establecer unas normas claras que definan, a la manera de código de honor (protocolo de familia), las directrices, las normas de conducta, los compromisos básicos y los procesos de toma de decisiones, los lenguajes y estilos de comunicación presentes en las conversaciones y reuniones del consejo familiar empresario y de la junta administrativa o directiva de la empresa.

Sistémicamente existen tres principios fundamentales que rigen a los grupos humanos:  La pertenencia, el orden y el equilibrio.  Cada uno de ellos funciona de manera diferente en el marco familiar y en el marco organizacional y su consideración en profundidad, será objeto de la siguiente columna. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Pasión o Misión?

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Juan José Lopera
MD, Coach, Máster PNL.

Hace poco, en medio de una intensa y comprometida sesión de coaching ejecutivo, uno de mis clientes me decía algo muy poderoso:  Juan José, en los momentos difíciles, la pasión no es suficiente, si no está sostenida por un claro sentido de utilidad profunda, de misión y propósito, la pasión se quiebra ante los fracasos.

Profundas palabras.  La pasión tiene un claro componente emocional.  Es equivalente a motivación, ganas, gusto, interés, inclinación, y desde allí tiene connotaciones emocionales, poderosas. Muy cierto pero, la naturaleza emocional es de por sí inestable, caprichosa, enfocada en las propias necesidades y en lo inmediato… No es un azar que en muchas culturas, los aspectos emocionales del ser humano se asocien a las aguas, al océano, fluctuantes, intrínsecamente impredecibles.  Esas aguas deben fluir por cauces adecuados
 
¿Cuántas veces comenzamos un camino, un gran proyecto, inundados por la ilusión y la esperanza y en el proceso, tras algunos reveses y dificultades, esa pasión se convierte en desaliento, decepción y, eventualmente, resentimiento?  ¿Cuántas veces, en nuestras propias empresas, asistimos a un evento motivador, un vivencial de fin de semana y, hacia el final de la semana siguiente, esa motivación, esa fuerza, ese entusiasmo adquiridos, se han diluido en el fragor de las exigencias cotidianas…?

La pasión no es suficiente.  La motivación sola no se sostiene.  El sentido de propósito, de misión y eventualmente la visión como logro y dirección, son el cauce mental y la mirada de largo alcance que conducen esas aguas al océano del resultado, que nos recuerdan, en los momentos de desmotivación y desinterés, para qué será útil la perseverancia, el esfuerzo, el tiempo y la energía invertidas en su proyecto.

Es por eso que, al igual que en los procesos de construcción de identidad corporativa y consolidación de cultura a nivel de las organizaciones, a nivel personal, es fundamental reconocer qué es aquello que en el fondo da sentido a nuestras vidas, a nuestro trabajo, lo que constituye nuestra razón de ser y estar en el mundo. 

Cuando conocemos nuestros talentos como indicadores de un campo de acción en el que podemos dar lo mejor de nosotros mismos y ser excelentes, cuando conocemos nuestros motivadores esenciales (qué nos importa, qué nos gusta, qué nos atrae, con qué soñamos) y los reconocemos como impulsores y creadores de bienestar y satisfacción en desarrollo de nuestro proyecto de vida y cuando tenemos claro el propósito de lo que hacemos y para qué lo hacemos, sabremos hacia dónde vamos, con qué herramientas contamos y descubriremos cómo, a través de nuestras actividades cotidianas, personales y laborales, iremos construyendo de manera sólida y sostenible una obra de arte: Nuestra propia vida, coherente y poderosa.

El proyecto de vida es un vector de fuerzas que nace del encuentro de dirección que marcan los talentos, la pasión y la misión.  De la claridad que tengamos en cada uno de estos tres aspectos, dependen su poder y sus alcances.

sábado, 27 de octubre de 2012

El muro de las lamentaciones.

Dinámica vivencial.
Juan José Lopera Sánchez.

Introducción.
Cuando en el año 1999 fui por primera vez a Israel, en Jerusalén, me impactó profundamente observar a cientos de personas realizando sus oraciones, expresando sus pesares, ante el muro de las lamentaciones, el famoso muro del profeta Jeremías.  En su mayoría judíos, los penitentes del muro, oraban y pedían hablando velozmente y balanceando sus cabezas y sus cuerpos en una extraña danza cantábile y conmovedora.

En ese momento surgió en mi la idea de utilizar la figura del muro de las lamentaciones como un ejercicio para expresar lo no dicho y desbloquear la emocionalidad contenida asociada a esas experiencias guardadas.  ¡Debo reconocer que sus efectos son profundísimos!  Es una dinámica que genera una profunda catarsis y por tanto, de ser acompañada de una manera muy sensible y activa por el facilitador, permitiendo la resolución de los eventos expresados.

Descripción:
A los participantes se les motiva contándoles la historia del muro de las lamentaciones y diciéndoles que ésta es una oportunidad para expresar cosas que por temor, por enojo, por falta de oportunidad o desconocimiento, nunca pudimos expresar.  Secretos, reclamos, rendiciones de cuentas, todo cabe puesto que cada una de esas cosas no dicha se aloja en nuestras gargantas como piedras en la molleja de una gallina y… pesan.

Se les explica que con el fin de guardar su intimidad y con el fin de anular el efecto enjuiciatorio de la mente, aquello que expresarán lo dirán en un idioma inventado cuyo significado sólo ellos conocen.  Deben ponerse en contacto interno con la situación dolorosa o no expresada y, una vez comience la música y el facilitador de la instrucción correspondiente, “hablar” de ella en esa lengua propia, que nadie más comprenderá.

Acto seguido se les pide que en una hoja de papel escriban el nombre de 5 personas importantes para ellos y que la lean unas cuantas veces tratando de sintonizarse con conflictos no resueltos… una vez conseguido ésto, pueden trasladar esa emocionalidad a otras situaciones y escoger, al momento de comenzar, por donde quieren comenzar.  Como algunas personas se sienten extrañas haciendo ese ejercicio, vale la pena decirles que al inicio, es válido también que hagan “como si…” lo estuvieran haciendo con la certeza de que rápidamente, la mente y la emocionalidad se alinean con el procedimiento y encuentran un vía de expresión concreta.

A continuación se les pide que se acerquen a la pared y escojan un sitio en el cual se sientan cómodos.  Se da comienzo a la música y se les invita a que comiencen con sus palabras a la pared.

El ejercicio debe terminar agradeciendo también al muro, luego de un pequeño período de transición y en lengua propia, todo aquello que no hemos agradecido.  El facilitador debe estar muy atento a los ritmos internos del grupo y a los procesos individuales que se desencadenan para acompañarlos adecuadamente.

Durante todo el ejercicio hay música intensa de naturaleza emocional.  Yo, particularmente, uso el adagio para cuerdas de Samuel Barber con frecuencia para la primera parte y el andante de la séptima sinfonía de Beethoven para la segunda.

Es un ejercicio bellísimo que permite resoluciones muy profundas cuando es llevado y acompañado adecuadamente.

Las limitaciones del perdón.

Juan José Lopera Sánchez.

Bert Hellinger ha sido tajante en su afirmación: El perdón es un intento que hace la víctima de colocarse en una posición de superioridad ante le perpetrador.

En mis seminarios he encontrado a muchas personas con dolores profundos que relatan haber intentado genuinamente perdonar, de muchas maneras, aún con talleres de perdón y largos trabajos psicoterapéuticos, y no lo h
an conseguido. Aquí aparece una bella paradoja… Los que más aman son los que más difícilmente perdonan. (atención, no escribo: los que más han amado) ¿Por qué? El amor les impide entrar en ese juego sistémico de superioridades que menciona Hellinger.

La esencia aparente de la necesidad de perdonar es la sensación de deuda contraída. Aparentemente, el otro, me ha hecho daño y desde allí, siento que me debe algo. La deuda comienza a carcomer por dentro y se convierte en resentimiento, en reclamo, en una sensación vaga que invade lentamente muchos espacios del ser y nos salpica la piel emocional de núcleos de amargura. Una forma curiosa de varicela… Si el dolor es lo suficientemente profundo, si la identificación y la justificación de la deuda es lo suficientemente grande, si las heridas superficiales se infectan y a través de la sangre que todo lo vincula en el cuerpo se progapa, el resentimiento se convierte en una deuda con la vida y entramos en el territorio de los sinsentidos, de los ¿por qué a mi…?

Nada de eso nos sirve más que para aprender que en el fondo somos iguales. Que el acto perpetrado por otro, humano, es un acto espejo y que aquello que la vida nos exige a través del dolor es, en esencia, el reconocimiento de nuestra humanidad compartida, de nuestra corresponsabilidad en la construcción de un mundo con órdenes desordenados como el que hemos construido… desde nuestras buenas intenciones, desde nuestra inconsciencia, desde nuestra humilde necesidad de aprender con aquello que la vida nos devuelve.

América latina fue sometida con la culpa, con la ancestral degradación de la dignidad y el peso sistémico de ser considerados sus habitantes originales como seres carentes de alma, paganos practicantes de idolatrías conducentes al pecado mortal, a los infiernos post mortem vestigios todos de una cultura muy cercana aún a la Sagrada Inquisición. Colombia, a su manera, es una sociedad en la que la culpa, el señalamiento, la orientación hacia el castigo son enormes. Una buena parte del castigo implica un movimiento inconsciente, desesperado, por ocultar mi propia implicación sistémica, mi propia participación en la cadena de los hechos y la necesidad del escarnio público, ejemplar y simbólico, un intento de reafirmar que “el mal” está allí, afuera, en otros y que mi probidad me confiere el derecho de señalarlo, de proscribirlo, de castigarlo y de pretender que así, la deuda queda saldada.

Pues no. La deuda es un llamado al aprendizaje, a la comprensión profunda, a la compasión. La Compasión, el sentir con el otro (idéntica en sus raíces, aunque latina, a la palabra Empatía que, en griego, significa exactamente lo mismo), es, fundamentalmente, un llamado a reconocer que somos más semejantes de lo que en apariencia pudiera pensarse. Por eso, la deuda siempre duele más al que cree que le deben. Por eso, en mis seminarios, la necesidad de perdón se fragmenta en lágrimas que caen como esquirlas de un fino cristal roto de improviso por la piedra de la comprensión cuando el lastimado, frente al supuesto responsable le dice desde el fondo de su corazón: No puedo perdonarte porque te amo profundamente. Comprendo que somos iguales, que ambos nos equivocamos, que otras veces yo he actuado de igual manera sin poder evitarlo. Me comprometo a aprender y a permitir que aprendamos juntos. Gracias por mostrármelo!

Y en la gratitud y la comprensión sucede algo mágico que el perdón no consigue: Que podamos mirarnos de nuevo a los ojos y sentirnos, en el otro, realmente, más completos.

jueves, 18 de octubre de 2012

Equipos de Alto… Resentimiento.


Juan José Lopera Sánchez.
La construcción de equipos de alto rendimiento, eficaces, productivos, que funcionen de manera armónica y coordinada y que sean capaces de superar los retos relacionales que la cotidianidad laboral les impone, es uno de los desafíos más grandes para las organizaciones modernas. 

Nadie escoge a su equipo de trabajo. Los equipos se comportan como organismos complejos y en extremo sensibles, casi caprichosos, con reglas implícitas de convivencia que es menester cuidar.  Mientras que por un lado los nutre la individualidad, la fuerza, el conocimiento, el ímpetu particular de las personas que los conforman, sólo adquieren operatividad y son capaces de obtener sus mayores logros en la medida en que esas individualidades puedan alinearse en torno a una visión compartida y reconocer, más allá de lo operativo, un vínculo profundamente humano.

Nuestras organizaciones y el planeta claman a gritos por una visión sistémica de la vida. Nuestras empresas necesitan que desde la construcción misma del plan de negocios, desde la inducción de los nuevos trabajadores, se reconozca la interdependencia como eje conceptual, como valor fundamental que enmarque y rija las relaciones y los procesos. Cuando la interdependencia es eje rector del quehacer organizacional, es más fácil sentirnos colaboradores, complementarios en nuestras diferencias, valiosos desde el talento individual y enfocarnos en las necesidades del equipo.  

¿Quién no ha notado el cambio de estilo de juego en nuestra selección de fútbol?  Se ha creado consciencia de equipo y los resultados no se han hecho esperar! Y no es que talentos individuales que sobresalen por derecho propio no sean necesarios.  Ningún equipo rechazaría a un Messi, a un Falcao… sin embargo, en soledad, no rinden lo mismo. Falcao, actual goleador de la liga española (tercero tras Messi y Ronaldo el año pasado), hasta hace poco, con nuestra selección, prácticamente no metía goles.  ¿De quién fue el cambio?  Del equipo.  ¿Qué cambió en el equipo?  La mentalidad.

Cuando llego a una empresa para acompañar equipos que se encuentran en situaciones de tensión profunda, los comunes denominadores, las causas subyacentes del malestar se pueden contar en los dedos de una mano.  Cuando me acerco a un equipo en estado de tensión, no me interesan los particulares.  Las conversaciones y eventos circunstanciales son, en cierta medida anecdóticos y su utilidad inicial es servir como válvula de escape.  Ayudan a configurar el mapa pero no son el territorio.

Mi trabajo se centra en construir encuentros desde la humanidad compartida, desde la semejanza:  ¿En qué nos parecemos?, ¿Qué es verdaderamente importante para cada uno? ¿En condiciones ideales, qué querríamos todos en el equipo y en la organización?  Desde allí, reconstruimos la historia del equipo con otra mirada, sanando el resentimiento y reconociendo las diferencias como verdaderos valores agregados que lo hacen más lleno de recursos y capacidades.  Lo específico lo dejo para más tarde y los eventos concretos los abordo una vez los cimientos del encuentro humano estén firmes.